Hay una delgada línea entre querer que todo nos salga bien y necesitar que todo realmente salga perfecto. La diferencia puede parecer sutil, pero tiene implicancias profundas en nuestra salud mental, emocional y física.
La autoexigencia, cuando se transforma en un patrón constante, muchas veces deja de ser un impulso positivo hacia el crecimiento y se convierte en una forma silenciosa —y socialmente aceptada— de violencia hacia uno mismo. Esa voz interna que no perdona errores, que empuja más allá del cansancio, que desprecia lo logrado porque “podría haber sido mejor”, no es motivación: es maltrato.
Vivimos en una cultura que glorifica el esfuerzo extremo, la productividad sin pausa, el “darlo todo siempre”. Pero esa narrativa nos pasa factura, nos exige rendir y rendir hasta el agobio porque no llegamos a cumplir nuestras propias (e imposibles) expectativas. Nos dice que, si no estamos siendo perfectos, estamos fallando.
Sin embargo, hay otra forma de vivir sin dejar de ser excelentes reconociendo que muchas veces las cosas no salen como queremos. La vida está llena de variables que no controlamos. No todo depende de nuestra voluntad, ni siquiera de nuestro esfuerzo.
- Aceptar eso no es resignación, es sabiduría.
- Aceptar eso es compasión y amabilidad por nuestra dolida humanidad.
Ser excelente no implica ser perfecto ni exigirnos más allá de nuestros límites. Implica hacer lo mejor posible en cada momento. Implica aprender a ser amables con el error y con el cansancio. Ser excelentes puede incluir la pausa, el descanso, el “hoy no puedo más”.
- Ser excelente no es dejar de hacer o hacerlo mal y que no te importe, sino dejar de castigarte por un resultado final que no controlas.
- Ser excelente es hacer lo mejor posible sin expectativas acerca del resultado final, imponderables incluidos.
Hacer lo mejor posible desde el respeto y desde la humanidad no solo es más sostenible, sino también más verdadero. Y eso es la excelencia.
La auto-amabilidad es imprescindible para dejar de ser violentos siendo autoexigentes y ganar salud física-emocional y sobre todo autoestima.
ALICIA ORFILA – Paz mental y autovaloración, pase lo que pase.
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