Dos personas pueden atravesar exactamente la misma situación difícil y una quedar devastada mientras la otra sigue funcionando. La diferencia no está en lo que les pasa sino en cómo piensan sobre lo que les pasa.

Este es el punto de partida de todo: entre el evento y la emoción existe un paso intermedio que la mayoría no ve. Ese paso es el pensamiento, la interpretación, el significado que le damos a lo que ocurre.

El evento no causa la emoción directamente — la causa el pensamiento sobre el evento. Y si a ese pensamiento le dejás de dar tu atención, tu experiencia emocional también cambia.

Dolor vs. sufrimiento: una distinción que libera

El dolor es inevitable. Perder a alguien, enfermarse, fracasar en algo importante: eso duele y es completamente legítimo. El sufrimiento, en cambio, es lo que surge cuando añadimos capas de pensamiento inservible encima del dolor.

No debería estar sintiéndome así. Nunca voy a superarlo. Mi vida está arruinada. Esos pensamientos no alivian el dolor — lo multiplican.

La fórmula es clara: sufrimiento = dolor + resistencia mental. El dolor puede ser inevitable, pero la resistencia es modificable. Aceptar el dolor — no con resignación, sino con realismo — es lo que permite sentirlo sin que se convierta en sufrimiento masivo.

Lo que el lenguaje hace

Las palabras que elegimos para describir lo que vivimos no son neutras. Llamar «catástrofe» o definir como “complicado” a algo que es un contratiempo activa una respuesta emocional completamente diferente. El cerebro toma el lenguaje interno como una señal de gravedad y ajusta la química emocional en consecuencia.

Una verdad que cambia todo

Los pensamientos no son hechos. Son interpretaciones, hipótesis e historias que la mente construye. Aprender a no dar atención a un pensamiento en lugar de pensarlo intensa y frecuentemente crea una distancia que da poder: «estoy teniendo el pensamiento de que voy a fracasar» es muy diferente a «voy a fracasar». En el primer caso, hay alguien que “ve” el pensamiento y no le da atención y en el segundo, hay una víctima. Muy diferente ¿no?

No se pueden eliminar los pensamientos porque es la función del cerebro generarlos. La meta es cambiar la relación con ellos, dejando de ser su víctima para convertirte en quién decide si les da o no atención (observador).

«No es la vida la que duele. Es tu manera de pensar sobre ella la que duele”

Para bajar a tierra:

  • La próxima vez que te sientas mal, ¿qué pensamiento hay detrás de esa emoción?
  • ¿Cuánto más sumás al dolor que estás sintiendo, pensando lo que estás pensando?  
  • Si el pensamiento te hace sentir mal, ¿por qué le seguís dando tu atención?

ALICIA ORFILA – Fonoaudióloga ~ Metodología Mente y Voz

 

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