Todo es materia.

Un auto, una casa, una experiencia, una persona. Todo.

Y todo lo que se hace materia está compuesto de energía.

La mente genera energía de distinta intensidad y, de esa manera, participa en hacer visibles situaciones, personas, oportunidades y experiencias.

La energía de la mente influye sobre la materia.

 

Ella hizo visible una posibilidad. Un compañero. Un novio. Una relación.

Antes de eso había tenido algunas relaciones, pero no habían durado. Incluso, en algunos casos, fue mejor que terminaran.

Entonces llegó a una conclusión: creyó que tenía una herida.

Comenzó a investigar todo lo relacionado con su «problema», con su trauma. Leyó, estudió, hizo terapias. Durante casi nueve años estuvo enfocada en aquello que no le había gustado vivir.

Pensaba en su dolor.

Hablaba de su conflicto.

Buscaba sanar aquello que llamaba trauma.

Y seguía sintiéndose frustrada.

Sabía muchísimo sobre terapias que prometían eliminar traumas.

Sabía muchísimo sobre problemas emocionales.

Sabía muchísimo sobre todo aquello que, justamente, no quería experimentar.

 

Cuando me contaba su historia, era difícil imaginar que pudiera haber encontrado un compañero. Más bien encontraba «des-compañeros» o «a-compañeros». (Sí, ya sé que esas palabras no existen… pero seguramente entendés la idea).

¿Por qué ocurre esto?

Porque mantener la atención puesta en el problema, en el conflicto o en el trauma hace que la mente continúe generando energía en esa misma dirección.

Y aquello que realmente deseás —amor, paz, bienestar, una buena relación— no pertenece al mundo del problema. Pertenece al mundo de la felicidad.

Por eso muchas personas llegan a la adultez espiritual sabiendo muchísimo acerca de sus heridas… y, sin embargo, siguen sin experimentar aquello que anhelan.

 

Ella necesitó entrenar su mente para dejar de identificarse con la persona que ya no quería ser.

Durante un tiempo aparecía automáticamente la vieja forma de pensar, de hablar, de sentir y de actuar. Pero, con paciencia, con amor y con compasión hacia sí misma, fue sosteniendo un nuevo enfoque.

 

Y el compañero, apareció.

No porque hubiera aprendido más sobre el trauma.

Sino porque dejó de convertir el trauma en el centro de su atención.

Un compañero también es materia. Una relación también es materia. Y la materia se hace visible.

Tal vez la pregunta no sea qué te falta sanar.

Tal vez la pregunta sea: ¿qué ocupa hoy la mayor parte de tu atención?

Porque, al final, la mente siempre está emitiendo energía.

Y esa energía, silenciosamente, va dándole forma a la vida que experimentamos.

Alicia Orfila – www.aliciaorfila.com.ar

 

Almanifestar: hacer visible una posibilidad

Compartir!