Eso que llamás injusticia tiene un sentido.
Hoy quiero poner sobre la mesa un tema difícil de comprender pero que, cuando logramos mirarlo desde la profundidad, puede cambiar por completo nuestra manera de vivir lo que nos sucede.
Como ya sabés, escribo desde una mirada que busca comprender el funcionamiento profundo de la mente y las Leyes Universales. No para darle la razón al ego ni para consolarte en el lugar de víctima, sino para ir un poco más allá de lo evidente.
Y hoy quiero hablarte de algo que muchas veces nos cuesta muchísimo aceptar: la injusticia.
Hace unos días, una persona —a quien voy a llamar Nicolás— me contó que debía pagar una indemnización por el fallecimiento de una persona, destinada a sus hijos.
Hasta ahí, todo normal.
El problema era que el abogado de la otra parte le estaba reclamando más del doble de lo que, según Nicolás, correspondía. Y, además, ese reclamo estaba basado en información que él consideraba falsa.
Nicolás estaba indignado. Sentía que estaban intentando perjudicarlo y su enojo era tan grande que lo sacaba de sí.
Entonces le dije algo que puede resultar muy difícil de escuchar: LA INJUSTICIA NO EXISTE. La justicia, si.
No le estaba diciendo que no defendiera sus derechos.
No le estaba diciendo que aceptara una mentira ni que dejara de actuar.
Le estaba proponiendo ver de otra manera, desde la verdad.
Desde la mirada profunda la vida no es una sucesión de acontecimientos arbitrarios que simplemente nos ocurren. Hay un orden que muchas veces no podemos ver.
Y cuando hablamos de experiencias que parecen injustas, la pregunta que debiéramos hacernos es: «¿Qué hay para comprender en esta experiencia?»
Nuestra mirada humana superficial suele querer encontrar culpables, responsables y explicaciones inmediatas.
Pero nuestra existencia profunda comprende lo que no se ve a simple vista.
Desde esta perspectiva, aquello que llamamos «injusto» está formando parte de un proceso de equilibrio que nuestra conciencia eligió atravesar.
NADA DE LO QUE VIVÍS ESTÁ FUERA DEL ORDEN.
No necesariamente podemos saber cuál es la causa. En general no tenemos ni idea por qué nos pasa…pero pasa.
Y no se trata de culparte: «Esto me pasa porque en otra vida hice tal cosa.»
Se trata de poder abrir una posibilidad: quizás haya un orden que todavía no alcanzo a ver. Y esa posibilidad cambia muchísimo las cosas porque cuando dejo de pelear internamente con lo que ya está sucediendo, recupero mi capacidad de actuar y mi calma.
- Puedo defenderme sin odiar.
- Puedo poner límites sin entrar en guerra.
- Puedo decir que no estoy de acuerdo sin destruirme emocionalmente.
- Puedo hacer todo lo necesario para resolver una situación y, al mismo tiempo, dejar de preguntarme: «¿Por qué me pasa esto a mí?»
NO EXISTE LA INJUSTICIA. EXISTE UN ORDEN QUE TODAVÍA NO VES.
Hay una frase bíblica que todos conocemos: «ojo por ojo, diente por diente.»
Más allá de la interpretación que cada uno pueda darle, contiene una idea muy antigua: la búsqueda de equilibrio.
Y todas las experiencias de nuestra vida tienen esa función: mostrarnos algo que todavía necesitamos comprender para equilibrar algo.
- No para castigarnos.
- No para hacernos sufrir.
- Sino para evolucionar.
Por eso, cada vez que algo te parezca profundamente injusto, antes de quedar atrapado en la indignación, quizás puedas recordar esto para cambiar tu manera de vivirlo: con humildad y con paciencia confiando en un orden que todavía no alcanzamos a comprender.
TODO LO QUE VIVÍS ES JUSTO, AUNQUE NO PUEDAS COMPRENDERLO.
Preguntas para tu amoroso corazón, Lelys:
- ¿Qué sentís al leer esta nota?
- ¿Hay alguna situación que considerás profundamente injusta?
- Y si pudieras mirarla desde otro lugar, sin negar lo que pasó pero sin quedar atrapado en el enojo, ¿sería diferente para vos?
Si querés conversar sobre esto, aquí estoy.
Te mando un abrazo, Alicia
- Autoconocimiento · Sesiones individuales — “Liberar la injusticia de la mente”